La Trompeta. Beatriz Sanchez Agudo

LA TROMPETA


trompeta Roberta era muy despierta, ruidosa, alborotadora, dorada, chiquita y un poco juerguista.

Su dueño Miguelín que estaba aprendiendo a tocar el violín, descubrió en la clase de música, a Roberta arrinconada.

La cogió empezó a tocar y ella se sintió rescatada, desde ese día Miguelín y Roberta fueron inseparables y aunque tenía que seguir yendo a clase de música a practicar con el violín, Roberta era la preferida de Miguelín.

Desde entonces los dos se dedicaban a consolar a la gente que lo necesitaba.

Un día que vio a su amiga Elvira que triste estaba en el colé. Le pregunto que le pasaba, ella se echó a llorar y le contó que su pelota Carlota la acababa de abandonar.

Eso no puede ser, dijo Miguelín yo se como te quería Carlota y nunca se separaría de ti.

Entonces Roberta empezó a moverse en la mano del niño, indicándole que la tocara para animar a Elvira y acompañarla, cuando la trompeta empezó a sonar la niña dejó de llorar.

Y como en un sueño a través de la música pudo ver, lo que pasó con su amiga y que Carlota nunca la olvidaría.

La trompeta mágica siguió sonando y Elvira a Carlota vio con otros niños jugando. Niños muy pobres que nadan tenían su pelota amiga, a todos felices hacía.

Miguelín dejo de tocar y Elvira sonriente acarició a Roberta y a su amigo le pidió una foto y la puso en su carpeta junto con su amiga la trompeta.

Gracias a las dos por quitarme la pena ahora soy feliz sabiendo lo que pasó con ella.

El jueves es mi cumpleaños y estáis invitados tú y tu trompeta. Para que animéis la fiesta. Miguelín se despidió y en la bici que conducía a la trompeta colgó y camino de su casa pedaleó.

Pero quiso la mala suerte que en un bordillo desprendido tropezara y la trompeta mágica por los aires volara.

Calló directamente en un camión del circo que en ese momento pasó.

En la jaula de los leones se metió y al león más joven en la cabeza le dio Perico que así se llamaba el león del circo, enfurecido gruñó. Entre sus garras a la trompeta cogió y muy extrañado la miró y se preguntó ¿Qué es esto que tanto brilla?

Roberta estaba aterrorizada no sabía que era ese monstruo que la sujetaba. Ella solo conocía a los humanos, nunca había visto a los animales por eso pensó que cuando de la bicicleta voló en otro planeta aterrizó.

Perico al ver que “esa cosa” no se movía ni hacía nada se la llevó a la boca para masticarla. Cuando la tuvo en el hocico empezó a resoplar y la trompeta se puso a sonar.

A todos los leones que dormían en sus jaulas despertó, con su toque mágico en lugar de enfurecerlos, como un milagro los amansó.

Llegó el señor domador a ver que pasaba y se quedó maravillado al comprobar que todos los leones al son de las notas musicales bailaban.

Al día siguiente cuando el circo plantó en la ciudad, por las calles anunciaron una actuación nueva nunca vista, “acudid todos grandes y pequeños y lo comprobareis esta tarde a las seis”.

El circo se llenó de gente, hubo números de payasos, trapecistas y monos que hacían gracias con los plátanos y los tiraban a la pista.

Después con redoble de tambores y muchos rugidos salieron los fieros leones enseñando los colmillos.

Algunos niños se asustaron al ver como sus garras sacaron. Uno a otro le mordió la cola, se estaban poniendo muy nerviosos y el público, esperaba a que el domador saliera con el látigo y los dominara.

La sorpresa fue grandiosa cuando el personal vio, al señor domador que solo llevaba en las manos una pequeña y dorada trompeta, para amansar a esas fieras con melenas.

La gente se puso de pié asustada, temiendo que los leones a don Camilo – que así se llamaba el domador – se lo zamparan.

Don Camilo se puso en el centro de la jaula y los leones con estruendosos rugidos lo rodeaban, cuando más peligro había, saco la trompeta y la toco y un ambiente mágico en la jaula flotó.

Los leones guardaron sus garras, dejaron de rugir y comenzaron una danza feliz. Parecían, gatitos mansos en lugar de fieras y Roberta tocaba incansable para que el público los viera danzar al son de una rumbera.

La actuación fue un éxito y la gente aplaudió maravillada.

Roberta se sintió orgullosa, pero no era feliz porque ya no estaba con su amigo Miguelín.

De pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad fueron pasando y gracias a la trompeta mucho dinero y fama el circo iba ganando.

Un día Elvira y Miguelín al circo fueron, pues el número de los leones era comentado en el mundo entero.

Ellos tenían la esperanza de que fuera Roberta, la mágica trompeta.

Cuando don Camilo el domador empezó a tocar, Miguelín enseguida reconoció a su amiga y un abrazo de alegría le dio a Elvira.

La función terminó y en busca del domador Miguelín se dirigió.

Le contó toda la historia de cómo encontró a su amiga la trompeta y la mala suerte que tuvo, aquel día que la perdió, con la bicicleta.

Por su puesto don Camilo no le creyó, pues pensaba que era un mentiroso que quería quedarse la trompeta y que si no se iba llamaría a la policía.

Entonces Elvira saco su carpeta y don Camilo pudo ver la foto de Miguelín y su trompeta, que la niña llevaba pegada para no perderla.

Visto esto el domador se convenció de que los niños decían la verdad y la trompeta les devolvió con mucho pesar.

Elvira y Miguelín a Roberta llevaron a despedirse de los leones.

Ellos acariciaron a la trompeta y se despidieron a lametones.

Miguelín le dijo a don Camilo que cuando fueran a su ciudad, acudirían al circo y con Roberta podría actuar.

FIN

Acerca de diainternetalbolote
Dinamizadora Centro Guadalinfo de Albolote

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